
Esta mañana me he despertado con ganas, aún habiendo dormido sólo cerca de 4 horas (que últimamente no suelo dormir más...) y he decidido ponerme manos a la obra con las motivaciones que me obligarán a quedarme.
He ido a Madrid y me he matriculado para ser monitora de tiempo libre, y como siempre que voy a Madrid, he tenido pequeñas experiencias con ciertos personajes destacables.
Me ha tocado preguntar la calle en la que se encuentra la escuela a la que acudiré a partir del 21 de Febrero en un kiosko que se encontraba cerca de la estación del metro. Cuando el kioskero ha terminado de darme las señas, me ha regalado un paquete de chicles y me ha dicho; es que me recuerdas a mi difunta hija...
Pues... vaya, qué cosas, menos mal que tú no me has recordado a mi difunto padre...
Tras eso he ido a hacer fotocopias de mi DNI y he estado a punto de comprar una lámina por 3 euros de los Red Hot Chili Peppers, pero sabía que si lo compraba, al llegar a casa no lo destinaría a una de estas paredes, así que he optado por dejarlo de lado...
Tras eso, he llegado a la escuela, no sin antes toparme con una anciana que aseguraba que dentro de ese edificio había "algo que no le huele bien".
Ni puta idea, pasando.
He llegado a la secretaria, y mientras dos de las chicas que me han atendido le atizaban patadas a la fotocopiadora, yo rellenaba la matrícula con toda la calma. Y entonces ha aparecido una bella (bellísima) mujer que venía a matricularse también y que se me ha acercado sutilmente a preguntarme en qué turno iba a estar yo para ponerse ella en el mismo (sabe dios por qué).
Quizás el espíritu luchador esté más cerca de lo que pensaba...
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