miércoles, 17 de octubre de 2012

En busca de Ítaca...


Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
A los Lestrigones, a los Cíclopes
o al fiero Poseidón, nunca temas.

No encontrarás trabas en el camino
si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita
la emoción que toca el espíritu y el cuerpo.
Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al feroz Poseidón has de encontrar,
si no los llevas dentro del corazón,
si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que – ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -
entres en puertos nunca antes vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finas mercancías
madreperla y coral, ámbar y ébano,
y voluptuosos perfumes de todo tipo,
tantos perfumes voluptuosos como puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
para que aprendas y aprendas de los sabios.
Siempre en la mente has de tener a Ítaca.
Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino
sin esperar que Ítaca te de riquezas.
Ítaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrías aprendido el camino.
No tiene otra cosa que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado
sabio como te has vuelto con tantas experiencias,
habrás comprendido lo que significan las Ítacas.


miércoles, 27 de junio de 2012

Hasta siempre...

Perdóname, peque, por no haber podido hacer nada cuando te pusiste enfermo.
Perdóname, porque no pude traerte a casa conmigo.
Perdóname, porque no pude curarte como en otras ocasiones.
Perdóname, por no haber tenido modo de ir a verte.
Perdóname por pensar que ahora podrás estar en algún lugar mejor.
Y sobre todo, perdóname por ese nombre que te puse, Tulli...


Hasta siempre, enano.

domingo, 10 de junio de 2012

A mis gatos.

Nunca les dedico nada, y creo que va siendo hora.
A mis gatos;
Ellos, que te saludan cuando te despiertas con un leve maullido y te ronronean en el oído para que acaricies su lomo.
Ellos, que cuando andas a su lado pegan su pequeño cuerpo a tí en busca de cariño.
Ellos, que saben cuando estás deprimida y se tumban a tu lado para desearte dulces sueños.







Ellos, que están ahí cuando nadie más está dispuesto a quedarse...
Ellos, que juegan contigo hasta que se te acaban las fuerzas.













                                                                                   


Por todo esto y muchas más cosas, escribo                                                                              
esta entrada.













Gracias, mis cookies.



jueves, 24 de mayo de 2012

Crónica de una vida.

Ahí estaba, como cada día, en aquel lugar.
Y como siempre, me miraban.
"¡Dejadme en paz!" - pensaba - "¿Qué tengo de interesante? ¡Apartad esas incesantes miradas de lástima hacia mí!". 
Yo antes tenía una vida... Hace mucho, muchísimo tiempo. Ahora me conformo con que me dejéis disfrutar de mi pequeño rincón, entre estas altas hierbas que crecen cada año más. Cada interminable año...


A veces me pregunto; "¿Qué hice tan mal como para acabar en este lugar? ¿Me lo merezco?".
No... No creo que nadie se merezca esto. Yo... No se lo desearía a nadie, porque yo siempre creo en todo el mundo, y doy oportunidades infinitas. Acaso... ¿Acaso no podíais hacer lo mismo conmigo?


Maldita sea, ahí están de nuevo esas miradas.
¡¡Agh!! ¡¡No necesito que nadie me peine!! ¡Puedo valerme por mí mismo! Me vendría mejor un abrazo.
Que alguien me preste su calor, sólo un poco, antes de volver a mi humillante realidad.
Mañana será otro día en el que ver hora tras hora esa multitud de caras desconocidas, que se asoman con avidez a mirar como nos pudrimos lentamente en este antro. Y sé que aquí hay gente que cuida de mí y se preocupa de que esté bien, pero a veces tengo frío, y otras tengo demasiado calor. Mi comida se agota. El agua no da para tantos. Hasta he recibido más de una paliza por querer alimentarme. 


Y otra vez pienso; "¿Vendréis a buscarme?". No me gusta la gente nueva. Hay veces que me saludan, y no temen acercarse a mí, pero yo sí que las temo a ellos. No me gusta, ¡maldita sea! ¡Por muy buenos que seáis conmigo yo me esconderé, morderé y alejaré a quien sea de mí hasta que no encuentre a mi auténtica familia!


¿Dónde estáis? 


...


Necesito vuestras caricias, vuestro amor, esa comida de marca que me traíais. 
De verdad, nunca quise hacer daño a nadie, me porté lo mejor que pude, fui fiel hasta el final, y ahora, después de tanto tiempo, no soy ni la mitad de lo que era... Apenas mis patas me sostienen, y mi hocico ya no se humedece.


Pronto me iré... Como tantos otros compañeros. Y me iré sin saber por qué acabé en estas circunstancias. 


Yo sólo... quería una familia.



viernes, 9 de marzo de 2012

Como el primer día.

Sigues ahí.
Nunca te has ido.
En cada sueño, como protagonista o como secundario... ahí estás.

Mi cabeza no sabe apartar el pasado del presente, y cuando cierro los ojos, las personas a las que quiero aparecéis.

No te culpo.
No me culpo a mí misma por recordar cada detalle de tu rostro, cada tonalidad en tu voz.
A día de hoy ya no me culpo de cómo te fuiste.

Ahora sólo intento ser mejor pareciéndome cada vez más a tí.